Orad sin cesar, ¿Qué significa?

En 1 Tesalonicenses 5.17, el apóstol Pablo dejó una indicación para todas las generaciones de cristianos: «Orad sin cesar». ¿Es esto posible?

Muchos años atrás, luego de dar una enseñanza bíblica, se me acercó un grupo de adolescentes, deseosos de obedecer la Palabra de Dios, y me consultaron acerca de este versículo. Me dijeron: «El apóstol Pablo nos enseña que debemos orar sin cesar, pero todos nosotros tenemos estudiar, trabajar y hacer otras cosas que no nos permiten cumplir con las palabras de Pablo. ¿Cómo podemos hacer?»Oración 4

Dejé la respuesta para la siguiente reunión y comencé a investigar un poco. A decir verdad, para aquel entonces yo mismo tenía la misma pregunta.

Evidentemente, por más que nuestra actitud por obedecer sea genuina es imposible no hacer otra cosa en la vida que orar sin cesar. ¿Qué hay detrás del mandamiento de Pablo?

Antes de seguir adelante con nuestro estudio, vayamos muchos siglos atrás, a la época de Nehemías. Por aquellos tiempos, el pueblo de Israel había sido llevado cautivo, y Nehemías estaba en la ciudad de Susa, capital del reino de Persia y por su tarea (copero del rey) estaba siempre cerca del rey. Cierta vez, el rey Artajerjes notó que Nehemías estaba triste y le preguntó qué le pasaba. Nehemías le respondió que estaba triste porque su ciudad –Jerusalén– estaba en ruinas. Ahora leamos Nehemías 2:4: «Me dijo el rey: “¿Qué cosa pides?” Entonces oré al Dios de los cielos y dije al rey: “…envíame a Judá…”»

Cuando uno lee el pasaje de Nehemías inevitablemente surge una pregunta: ¿qué pudo haber orado Nehemías en un segundo? Es claro que no tuvo tiempo a arrodillarse, realizar una oración larga y luego responder al rey. Si bien la Biblia no lo dice, probablemente Nehemías oró: «Señor, ¡ayúdame!», o algo por el estilo. Y Dios respondió su oración. ¿Cómo se relaciona esto con la exhortación de Pablo?

Primero vale la pena comentar que en «Oren sin cesar» hay un elemento de exageración retórica. En todo idioma existe esta herramienta de énfasis, por ejemplo: «Te dije un millón de veces que no exageres».

Lo que Pablo está diciendo en nuestro pasaje no es que debemos estar recitando oraciones todo el día, sino que debemos vivir en un constante «estado de oración», permanentemente comunicados con Dios, no solo en las cosas importantes sino en toda circunstancia.

Cierta vez, un ministro estaba por retirarse y comenzó a discipular a un ministro joven que lo reemplazaría. Como parte de su discipulado acostumbraban a pasar el día hablando de diferentes temas. Una vez decidieron organizar un retiro espiritual de un fin de semana. Al finalizar el primer día, el ministro joven pidió ser el primero en orar y realizó una oración larga y detallada. ¡Quería impresionar a su maestro!

Cuando terminó, invitó a orar al ministro anciano y este dijo: «Gracias Señor por tus cuidados en este día. Danos un sueño apacible. Amén», y se dispuso a dormir. El ministro joven se sorprendió de la breve oración y le preguntó: «Disculpe ministro, pero ¿podría decirme porqué oró tan corto?», a lo que el anciano le respondió: «Lo que pasa es que estuve en oración todo el día. Solo tenía que despedirme».

Cuando Pablo nos urge a orar sin cesar, sabe de lo que está hablando. Veamos lo que nos dice en los siguientes pasajes:

Romanos 1:9 – «Porque testigo me es Dios…de que sin cesar hago mención de vosotros siempre en mis oraciones»

Colosenses 1:3 – «Siempre orando por vosotros, damos gracias a Dios…»

Colosenses 1.9: – «…no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad…».

Pablo era un hombre de oración y desea que tanto los tesalonicenses como nosotros seamos hombres y mujeres de oración. Él también instaba a los cristianos a que oraran por él. 1 Tesalonicenses 5:25 dice: «Hermanos, orad por nosotros.» 2 Tesalonicenses 3:1: «Por lo demás, hermanos, orad por nosotros…».

Para Pablo, la oración era fundamental en la vida del cristiano, por eso nos dice: «No dejen de orar. En cada circunstancia, para cada necesidad, no se olviden de agradecer, oren por sus hermanos, intercedan por ellos, etc.»

Creo que el ejemplo de la tos puede ayudarnos a comprender el sentido de las palabras de Pablo. Cuando tenemos tos, si bien no estamos tosiendo todo el tiempo, siempre tenemos en el pecho y la garganta esa «sensación de tos». Es como si sintiéramos que en cualquier momento saldrá la tos. No siempre tosemos, pero siempre tenemos esa sensación. Con la oración pasa lo mismo, no es que estemos siempre orando, pero siempre debemos tener esa «sensación de oración», si se me permite la expresión. Es vivir en un constante estado de comunicación con Dios. Es estar aferrados a la mano de Dios en toda circunstancia de nuestra vida. Entonces, cuando la situación lo requiera, podemos, como Nehemías, «orar al Dios del cielo» una corta oración de súplica y actuar acorde a la voluntad de Dios.

Por supuesto que hay momentos de prolongada oración. Tenemos muchos ejemplos en el Antiguo Testamento, en Pablo y en Jesús mismo, pero eso es un tema para otro artículo.

Pidamos a Dios que «orad sin cesar» sea una realidad en nuestra vida diaria.

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