El Capitán y el Grumete.

De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

El capitán Brown se estaba muriendo en su velero en alta mar. Como muchos marineros, siempre había deseado morir en el mar. Pero había vivido sin preocuparse por Dios y ahora, por primera vez, este asunto le inquietaba. Si por lo menos tuviera una Biblia… ¿Quizás alguien de los que se hallaban a bordo poseía una? Dio pues órdenes para que le consiguieran un ejemplar. Efectivamente, Jo Prescott, el último grumete contratado, poseía una. Jo fue conducido a la cabina del capitán, quien le dijo: –Léeme algo en esta Biblia, yo no puedo leer, quizá nunca llegue a buen puerto.

Jo buscó el capítulo 3 del evangelio de Juan. Cuando encontró el versículo 16, se detuvo y dijo al capitán: –¿Puedo leer este versículo como mi madre me enseñó a hacerlo? –Léelo como quieras, le dijo el moribundo. Entonces Jo leyó: Porque de tal manera amó Dios a Jo Prescott, que ha dado a su Hijo unigénito, para que si Jo Prescott cree en él, no se pierda, mas tenga vida eterna.

El capitán murmuró: –Léelo una vez más, muchacho, vuelve a leerlo y pon el nombre de tu capitán Brown. Jo leyó de nuevo el versículo: Porque de tal manera amó Dios al capitán Brown, que ha dado a su Hijo unigénito, para que si el capitán Brown cree en él, no se pierda, mas tenga vida eterna. –¡Ya está!, dijo aún el capitán, ¡ésa es mi ancla! Con esto llegaré a buen puerto.

Usted que lee ese versículo, ¿no quiere hacerlo poniendo su nombre y creyendo en su corazón lo que Dios dice?

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