Convivir con las olas

Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: ¡Señor, sálvame!” Mateo 14.30.

Las olas no aparecieron en el momento que Pedro comenzó a andar sobre el agua. El texto nos dice que los discípulos habían estado remando durante unas cuantas horas, sin avanzar gran distancia, porque el viento les era contrario y las olas golpeaban la embarcación (14.24).

Cuando Pedro salió de la barca, las olas seguían siendo las mismas que cuando estaba adentro. Su fascinación con la aventura o con la persona de Cristo, no obstante, le permitieron ignorar completamente la existencia de las mismas.

Estaba completamente concentrado y absorbido por el desafío de caminar sobre las aguas hacia la persona de Jesús. Las olas eran siempre las mismas. Pedro en el barco, Pedro caminando, y Pedro hundiéndose nos muestra que la misma persona no tiene siempre la misma reacción. ¡Nuestra perspectiva de las cosas lo es todo!

Mantén tu mirada en Jesús.

Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.

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