Adoradores Extremos

Algunas de las argumentaciones que usan diferentes grupos de adoradores para justificar una posición u otra, me lucen interesantes, y hasta creativa la adoración restrictiva, donde el adorador dice estar tan rodeado de limitaciones en su entorno que no le permiten expresarse libremente en su adoración al Señor.

Si queremos de verdad ver que no hay fuerza en la tierra que pueda contener a un verdadero adorador solo tenemos que ver el libro del profeta Daniel, donde un grupo de creyentes expuso su vida en más de una ocasión a causa de ser adoradores verdaderos del verdadero Dios.

Claro, para poder comprender el tema de la adoración en el libro de Daniel lo primero que tenemos es que definir el término adoración.

Podemos decir que la adoración no solo es la postración frente a la majestad de Dios y la consecuente admiración y sorpresa por su persona y su obra, estado en que estamos en momentos específicos de la vida como por ejemplo la iluminación por medio la palabra acerca de las personas de la trinidad.

También por adoración podemos ver que es un estilo de vida, un compromiso de fidelidad, un voto de obediencia y un deseo de parecernos tanto a Cristo como nos sea posible.  La adoración también implica prioridades y preferencias al reconocer que todo nuestro ser pertenece a aquel que nos ha comprado por su sangre.

Y dejado de último a propósito, la adoración puede involucrar también expresiones externas o audibles , expresiones corporales, composiciones y creaciones literarias, alabanzas, pero siempre, siempre, siempre, una actitud del corazón.

De hecho, la palabra de Dios pone el orden adecuado cuando indica la actitud del corazón antes que las obras o expresiones externas Isaías 29:13  “Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado”.

Dicho lo siguiente quiero pasar a mi tema de los adoradores en el libro de Daniel, aunque a todo lo largo de las escrituras los adoradores van mucho más allá que levantar las manos, cantar, llorar o reír en una reunión semanal.

El caso más llamativo de los adoradores en el libro de Daniel es el de los tres amigos que se negaron a adorar a la imagen, pues ellos ya estaban comprometidos con Jehová.  Este acto de adoración es impresionante porque lo que estaba en juego no era simplemente elegir entre una imagen o el Dios verdadero que es espíritu. En el caso de ellos la elección de a quien adorar estaba asociado a la muerte en el horno de fuego.

Ellos adoraban a Dios, primero en sus corazones, no porque asistían al templo, pues estaba en ruinas y ellos en la deportación, a algunos de ellos hasta las cambiaron los nombres, su seguridad estaba ligada al imperio y al sistema de este mundo, no obstante, a pesar de todas estas cosas en contra, ellos adoraban a Dios en sus corazones, cuando llegó el momento fue evidente y notorio, seguramente a todo el imperio, que ellos servían al Dios de Israel.

Cuando se creó una ley a la medida para que Daniel no sirviera al Dios que adoraba, entonces él abría las ventanas y oraba tres veces al día, aunque esto le significara ser echado en el foso de los leones. Daniel era un adorador extremo.

Este tipo de adoración extrema no es muy común en estos días, y lo que más vemos como adoración es el reclamar ritmos, manifestaciones y formas que no necesariamente son expresiones de adoración.  Para ellos la adoración no era un asunto de estilo, ni de instrumentos, tampoco de seguir ciertos patrones que estaban de moda, para ellos la adoración era simplemente elegir entre la vida y la muerte.

No siento a nadie reclamando ni defendiendo este tipo de adoración.

Fotografía utilizada bajo licencia Creative commons

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